Mensaje del director
comparte y comenta esto   like   twitter

Con el horizonte que le prestan los años ya transcurridos del siglo XXI, la Bienal de Sevilla aparece como algo con lo que el flamenco siempre hubiera contado. Pero no es así.

A lo largo de más de dos siglos el flamenco, viniendo de capas sociales ínfimas, fue convirtiéndose sucesivamente, en resto arqueológico de cultura medieval, expresión racial, signo de españolidad, producto exótico vendible, tesoro folclórico, droga culpable de la decadencia española para el regeneracionismo del 98 y -en los años veinte del siglo pasado- en musa de las vanguardias que apostaban por un nuevo florecimiento estético y ético.

Sin embargo, hace ahora menos de 40 años, el flamenco sólo era una manifestación artística que, limitada territorialmente a una geografía estrecha y sometida a las mismas leyes que impedían en los demás ámbitos la libre expresión de las ideas, intentaba también recuperar su antigua prestancia.

Fortalecido con el abono de la libertad brotó en Sevilla la Bienal que, a todo lo acumulado con anterioridad, añadió dos elementos importantísimos: uno: introducir al flamenco en el Parnaso de las Artes y, dos, proyectarlo hacia toda la humanidad. Por eso, cuando los dos objetivos se alcanzaron, se erigió en cabecera de los acontecimientos y espectáculos que ponen en el mundo el cante, el toque y el baile de Andalucía, convertidos ya en cultura de todos cuantos habitamos este planeta.

Así, a su consagración anual de la primavera, Sevilla añadió la que tiene lugar en el luminoso otoño de sus años pares y ésa es la que, gozosamente, nos aprestamos a celebrar en el próximo mes de septiembre.

Esta página será su heraldo.

Antonio Zoido.
Director de La XX Bienal de Flamenco.